Elena Martín Gimeno: "Como mujeres tenemos muchos bloqueos aprendidos, pero no es una falta de deseo sino miedo a mostrarlo"

Texto: Janina Pérez Arias   /  Edición: Mónica Urbina Pardo 
Foto JPA

La historia de una mujer a través de tres etapas de su vida con su cuerpo como punto de partida, desde el despertar sexual al deseo, desde la exploración del sexo hasta lidiar con tabúes y el bloqueo, o más bien con los bloqueos. Esto y más plantea Elena Martín Gimeno (Barcelona, 1992) en Creatura.

Para su segundo largometraje Elena no tuvo temor a ser ambiciosa y a arriesgar, no solamente al asumir la coescritura del guion (junto a Clara Roquet), la dirección, así como el rol principal, sino también al abordar temas incómodos y poco explorados que no se habían tocado desde una mirada tan honesta, desinhibida y a la vez absolutamente desprovista de morbosidad.

Creatura, reconocida como mejor película europea en la Quinzaine des Cinéastes del Festival de Cannes de 2023, remueve emociones hasta las entrañas, es una película de una valentía apabullante que parte de la intimidad de Mila en su infancia, adolescencia y adultez, para resultar universal. Elena Martín Gimeno detalla sus intenciones, su proceso, la carga cultural, así como el significado de la libertad artística.

El placer femenino sigue siendo tabú

En el cine es muy extraño, porque el sexo se retrata mucho, hay muchas películas con escenas de sexo o que están muy sexualizadas, pero muy pocas veces se habla de la intimidad, de lo que realmente representa el sexo más allá del performance, más allá de lo externo, cómo funcionan las relaciones íntimas, qué conflictos surgen entre dos personas que se quieren cuando no se están pudiendo entender en la cama.

Y desde luego, de lo que menos referentes hay, es de dónde sale todo esto: ¿qué pasa con el despertar sexual infantil? ¿hay más referentes del despertar sexual en la adolescencia? Cuando escribíamos, Clara Roquet y yo, nos dimos cuenta que muchas veces estos referentes están muy relacionados al peligro como si fuera natural, como que si una chica por el simple hecho de sentir deseo ya se pone en peligro. En la película intentamos retratar este momento, analizar cómo pasa esto. El deseo de una chica no es peligroso, es precioso. Es el contexto social el que la pone en peligro con sus prejuicios, con su violencia.

La percepción de la intimidad

En el proceso de guión hicimos mucha investigación, documentación y entrevistas, hubo mucho trabajo para balancear y encontrar los matices de todo. Y luego en el montaje, con Ariadna Ribas, hicimos varios screen test. A uno de ellos vino un grupo de adolescentes y una mujer de 70 años. Como para mí también hay algo bastante generacional, les pregunté si habían conectado con la adolescencia, y todos, incluida la mujer de 70 años, dijeron, 'sí, es tal cual lo hemos vivido'.

Por un lado esto me pareció positivo para la película porque llega a personas de distintas generaciones, pero a nivel social me pareció muy preocupante que, con 55 años de diferencia entre unos y otros, todos sintieran que eso contaba su vida. Tenemos la sensación de que estamos avanzando, pero luego te das cuenta que en lo íntimo cuesta mucho que las cosas cambien.

El punto de equilibrio entre incomodidad y respeto

Hay una parte de la incomodidad (que transmite la película) que estaba trabajada y hay otra parte que tuvimos que gestionarla mucho porque era una incomodidad involuntaria que venía del punto donde partimos todos.

Creatura es una película compleja, pero a la vez queríamos que fuera accesible, tuvimos que encontrar mecanismos para que estuvieras enganchada desde el principio. Por eso empezamos con la edad adulta y de allí fuimos hacia atrás. Empezamos con el resultado final, con ese bloqueo que hay que entender: esa pregunta que lanzamos tenía la intención de generar este enganche con el espectador.

Pero hay otro elemento más inconsciente: cuando alguien ve al inicio de una historia a una mujer que tiene un bloqueo sexual, automáticamente está pensando que vamos a mostrar explícitamente un abuso en la infancia, algo que es aterradoramente común y que creo que no se habla lo suficiente. Además estamos muy acostumbrados a que la ficción use la violencia contra las mujeres como momento de clímax para generar tensión, estamos sufriendo desde el primer momento con el 'por favor, no me hagas esto'. Para nosotros fue muy importante no jugar a este juego, sino tratar con mucho respeto este tema e ir dando pequeñas respuestas durante la película que te vayan haciendo entender qué es lo que ha llevado a la persona adulta a tener esos bloqueos.

Se trata de muchas experiencias, unas más graves que otras, unas personas habrán vivido una violencia muy explícita y otras una más sutil, pero al final estamos hablando de un sistema que permite que estas cosas ocurran y que de estas cosas no se hable, que al final es lo que genera la herida más grande.

Ellas con miedo, ellos bajo presión

Era muy importante poner la responsabilidad en lo cultural, porque no es que el individuo sea malo por naturaleza, es que cada uno vive sus circunstancias y algunas te llevan a decisiones que no son las que más facilitan la convivencia. Y en esta pareja, la de Mila y Marcel, es muy fuerte cómo cada uno tiene sus propias heridas y miedos, que son los que hacen que no puedan llegar a entenderse del todo.

Para mí era muy bonito poner en la mesa un conflicto que es súper habitual en mi entorno, que es algo muy común y que siempre se ha retratado a la inversa, se muestra que los hombres siempre tienen deseo y que a las mujeres les cuesta mucho más. Esto no es real, creo que como mujeres tenemos muchos bloqueos aprendidos, pero no es una falta de deseo sino un miedo a mostrarlo, a vivir, a pedir lo que quieres. En cambio, en el caso de los hombres, siento que el problema es que les están educado con la presión de sentir que ellos tienen que querer siempre, y muchas veces están desconectados de sus emociones porque no les han permitido vivirlas.

Queríamos hacer un personaje femenino muy activo que buscara respuestas a toda costa y un personaje masculino que se encuentra en un momento de estar perdido, de fragilidad, que siente que hay un huracán ahí al lado que él no sabe cómo contentar y que le da miedo, porque él tampoco se ha atrevido nunca a cuestionarse sus propios bloqueos.

La cultura que modela el comportamiento

Muchas veces se ha asociado este tipo de represiones a la familia, a un entorno católico. No sé cómo sucede en otros países, pero España, aunque no sea un país oficialmente católico, es un país de tradición católica y eso afecta a la izquierda y a la derecha.

La generación de nuestros padres ha sido una bisagra, porque vivieron el franquismo y por mucho que se posicionaran en la izquierda, desde una resistencia antifranquista, eso no significaba que fueran necesariamente feministas. Aunque el feminismo existe desde hace muchísimo tiempo a nivel popular, a nivel mainstream no estaba todavía. Entonces surgen estas contradicciones: que tú puedes votar a un partido de izquierdas y también ser racista o ser machista. Para estar de acuerdo realmente con tus ideales y actuar en consecuencia, tienes que hacer un trabajo personal muy profundo.

Retomando la naturalidad del sexo

Hay muchos clichés en relación al sexo en el cine y en nosotras también. Cuando en Creatura la protagonista tiene cinco años, era muy importante nunca actuar desde el morbo, siempre intentar estar en la mirada de la honestidad y de la verdad, y a veces resulta crudo. Mucha gente nos ha comentado, sin hacer spoilers, que la escena final tiene algo muy crudo, pero es que es así y ya está.

Era importante aproximarnos de una forma muy natural a esto, trabajamos mucho la coreografía entre Oriol Pla (coprotagonista de Creatura) y yo, generando un entorno muy seguro en el rodaje para que luego la cámara se pudiera mover libremente. No estábamos muy limitados de ángulos, lo organizamos todo bastante como para que no se viera nada en concreto. Son escenas de conflicto emocional, así que la cámara está buscando esa emoción, no está buscando una teta.

Simbolizar las barreras psicológicas

Estuvimos buscando imágenes simbólicas que pudieran explicar lo que queríamos mostrar emocionalmente. Yo había tenido urticaria cuando era pequeña, por otros motivos, y pensé que si Mila tuviera alguna limitación física, para el contacto, para el movimiento, ayudaría a contar esta barrera que la separa de su pareja. La urticaria es algo muy fuerte, que incluso da la sensación de que es un elemento de género, pero es absolutamente realista. Nos sirvió mucho incluir ese aspecto porque es más representativo de lo que le pasa o no, de la caricia, del contacto, de la sexualidad... que la piel genera una película incómoda, que no quieres que te toquen.

La complejidad de la intimidad familiar

Creatura habla de sexo, pero no desde el sexo solamente, habla de la intimidad. Hay padres que han visto la película y nos comentan 'es que cuando a tu hija le empiezan a salir los pechos ya no sabes cómo abrazarla'. Es una niña y cuando empieza a crecer y se preguntan ‘¿como me sitúo yo allí como respeto sus límites?’, y para el padre seguramente es una forma de protegerla porque 'como no sé hacerlo, entonces mejor no hago nada'.

Pero, para la niña que no entiende que está pasando, simplemente es una lejanía inesperada, '¿por qué mi padre antes me abrazaba y ahora ya no?', y eso de alguna forma va calando en un mensaje un poco extraño que es como 'mi padre preferiría que yo no fuera mujer, preferiría que no creciera o prefería pensar que yo no tengo deseo'. Son pensamientos muy difíciles cuando se trata de una persona que representa un pilar en tu existencia.

Casting de tres en sintonía

El proceso de casting fue un reto muy difícil porque son tres personajes en uno. Teníamos de referente a Moonlight (Barry Jenkins, 2017) que también tiene tres etapas cronológicas y que tiene algo muy interesante: los actores no se parecen entre ellos, pero hay algo en la esencia de su mirada...

En esto fue muy importante la figura de (la directora de casting) Irene Roqué porque ella me ve desde fuera y ya me conocía, de hacerme castings para otros proyectos, así que me decía 'yo tengo muy clara tu energía'. Al final teníamos que encarnar una manera de mirar y de pensar, y la verdad es que las actrices que hacen de Mila niña (Mila Borràs) y adolescente (Clàudia Malagelada) son personas muy brillantes e inteligentes. Y esto era muy importante para el papel, no por el personaje específicamente sino también para que ellas fueran conscientes de lo que estábamos contando y de cómo estaba funcionando. La verdad es que son artistas increíbles.

Crear círculos de apoyo, impulso y protección

No me atrevo a dar consejos porque estoy aprendiendo, pero para mí ha sido muy importante tener un equipo que respalde la película. La mayoría de las productoras son mujeres: Ariadna Dot, Marta Cruañas, María Zamora, Emilia Ford, aparte de Tono Folguera y Stefan Schmitz. Ha sido muy importante que creyeran mucho en el proyecto, que en ningún momento me hayan pedido rebajar el riesgo, la incomodidad, al revés, estaban muy a favor de que apostara por cosas nuevas. Además, el equipo creativo también ha sido muy importante.

Algo que me gustaría seguir haciendo, aunque sea muy difícil, es poder atrevernos y darnos el permiso de ir a lugares que no conocíamos. En ese sentido es clave respaldarnos entre nosotras. En España estamos generando una red muy importante de directoras, tenemos un grupo de WhatsApp con 95 personas está claro que todavía faltan más por incorporar y tenemos esa sensación de que vamos juntas. Como muchas veces nos sentimos solas en un mundo que todavía es extremadamente masculino, al menos entre todas construimos una muralla, como una defensa de lo que estamos haciendo.

Sobre la seguridad y la libertad artística

Con Creatura he ido entendiendo y racionalizando un poco cuál es mi manera de hacer y creo que con lo que me siento cómoda es con generar un espacio de seguridad. No lo digo sólo literalmente, es decir que nadie se sienta incómodo, sino que la gente que forma parte del equipo sienta que su creatividad está valorada, que están ahí como artistas y que cada uno tiene que poder aportar su parte creativa.

Me he dado cuenta que para que esto suceda tengo que ponerme en una situación de liderazgo emocional, o sea que hay que marcar el mood del rodaje, que si yo estoy de mala leche el ambiente se tensa y que si estoy demasiado cansada a la gente le baja la energía.

Dirigir significa conducir, no significa decidirlo absolutamente todo, no significa someter y en ese sentido estar delante y detrás de la cámara me ayuda a establecer un tono interpretativo. En mi próxima película no creo que vaya a actuar (se ríe) porque aunque es precioso también es extremadamente agotador. Me voy a tomar un descansito de este doble rol.

La dirección desde lo femenino

Yo haría un paralelismo con la paternidad y la maternidad, que en lugar de restringir a los hijos estamos intentando dar pasos hacia una mayor comunicación y una mayor empatía. Al liderar estás tomando la responsabilidad por el resto del equipo, la gente ha venido a trabajar contigo porque tú tuviste una idea y decidiste llevarla a cabo, así que no liderar es irresponsable. La directora es una figura necesaria, pero hay que tener en cuenta desde qué lugar lo haces, cómo cuidas al equipo.  El problema es que en el trabajo se han deshumanizado las relaciones, así que el reto para mí es encontrar los límites.

Filmografía  

Largometrajes

Creatura (2023)

Jùlia ist (2017)

Series de TV

En casa (2020) -Un episodio-

Vida perfecta (2019) -Dos episodios-

Videoclip

Rigoberta Bandini: Perra (2021)

Elena Martín Gimeno en Creatura - Festival de Cannes

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