Opinión 

El Festival de Cannes se transforma con la mirada femenina… ¿para siempre?

La edición 76° del Festival de Cannes pasará a la historia al lograr un significativo número de directoras compitiendo por la Palma de Oro. Pero mientras la contienda da un paso hacia la igualdad de género, el festival corre el peligro de convertirse en un club elitista en el que se repiten los mismos nombres.

Por Alejandra Musi Arcelus

Collage: María Pérez Martín

En el 2018 una de las principales noticias del Festival de Cannes fue la protesta que las celebridades hicieron en su alfombra roja para destacar cómo a lo largo de sus 71 ediciones casi no había realizadoras elegidas para competir por el galardón principal.

Las 82 mujeres que participaron en la demostración (entre ellas Salma Hayek, Jane Fonda, Patty Jenkins, Agnès Varda, Kristen Stewart, Ava DuVernay, Léa Seydoux y Cate Blanchett) representaron el número de películas de directoras que habían formado parte de la selección oficial hasta el momento, en contraste con las 1 866 cintas realizadas por hombres que han podido luchar por la Palma de Oro. Para ese entonces sólo una, Jane Campion, se había hecho con ese trofeo por su cinta The Piano, en 1993.

Con esa histórica protesta buscaban presionar y dirigir la mirada hacia una igualdad de género en la maquinaria cinematográfica. Un golpe mediático impulsado por el movimiento Time’s Up que encontró en la Riviera francesa un buen espaldarazo, después de surgir en Hollywood a principios de ese mismo año con el objetivo de luchar contra el abuso sexual. Subir juntas y despacio esa emblemática escalinata fue otra metáfora de lo difícil que sigue siendo ascender en la escalera social y profesional si eres mujer. El potente evento dejó ver que algo estaba comenzando a cambiar.

En 2022 subió ligeramente el porcentaje de participación (23.8%) pero sin duda es éste 2023 el que empieza a mostrar un panorama diferente con siete piezas dirigidas por mujeres.

Sin embargo, las primaveras que sucedieron a ese instante no fueron tan contundentes como se esperaba pese a ciertos rayos de luz como la segunda Palma de Oro de la historia ganada por una mujer: Julia Ducournau por su arrolladora Titane en 2021. Destacó la proeza porque, como es usual, en la sección principal sólo había cuatro obras dirigidas por ellas dentro de un total de 24 filmes (el 16.6%).

En 2022 subió ligeramente el porcentaje de participación (23.8%) pero sin duda es éste 2023 el que empieza a mostrar un panorama diferente con siete piezas dirigidas por mujeres, entre las 20 de la competencia oficial, con Jessica Hausner, Kaouther Ben Hania, Justine Triet, Catherine Breillat, Alice Rohrwacher, Catherine Corsini y Ramata- Toulaye Sy.

Es pronto para saber si esto es fruto de un camino en el que poco a poco se han abierto los espacios de la equidad o si tiene que ver con el cambio de timón que el Festival de Cannes dio en su gestión con el nombramiento de Iris Knobloch, la antigua jefa de WarnerMedia en Francia y Alemania, como presidenta. La llegada de Knobloch marca otro hito en la historia de la organización.

No hay que olvidar que justamente en las plataformas es donde últimamente las mujeres están teniendo una mayor presencia, desde puestos técnicos hasta la misma dirección, a través de programas de incentivo o laboratorios, y fichajes de grandes nombres.

Aunque el Festival de Cannes está dando pasos en la construcción de una fiesta del cine más igualitaria, no se puede evitar pensar que se está convirtiendo en un club elitista en el que se repiten los mismos nombres, convocando a su competición a cineastas que ya han tocado la gloria en alguna de sus ediciones pasadas o que repiten la carrera.

Por otra parte, la restricción de incluir entre sus filas a las producciones de las plataformas digitales está dejando al festival con un puñado de creadores que pueden permitirse el lujo de filmar sin el respaldo de los nuevos gigantes de la industria.

No hay que olvidar que justamente en las plataformas es donde últimamente las mujeres están teniendo una mayor presencia, desde puestos técnicos hasta la misma dirección, a través de programas de incentivo o laboratorios, y fichajes de grandes nombres. Tras 12 años de ausencia, la vuelta al cine de Jane Campion, con The power of the dog, fue de la mano de Netflix. Y ese es sólo un ejemplo.

Así, el reto urgente al que se enfrenta la cita cinematográfica más rompedora e importante del mundo es el de no volverse anacrónica, adolecer de nostalgia y perder el tren de las grandes oportunidades.

 

(La primera versión de este artículo fue publicada en el diario mexicano El Universal)

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